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viernes, 14 de marzo de 2014

Dime “Hola” y te diré cómo eres.


Dime “Hola” y te diré cómo eres. Las primeras sílabas de una conversación son decisivas a la hora de causar una buena impresión en los demás, ya que dicha interlocución basta para revelar si somos personas dominantes o, por el contrario, confiables. Así lo afirma una investigación llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Lethbridge (Canadá), según la cual, la entonación de un simple saludo arroja información acerca de nuestra personalidad y condiciona la opinión que el oyente se forma sobre nosotros. Estudios previos habían demostrado ya la influencia de los rasgos visibles y audibles en la imagen que proyectamos, donde, por ejemplo, el color de nuestros ojos, la anchura de nuestra cara y el enrojecimiento facial actúan como aval de confianza.

Para extraer esta conclusión, el equipo registró el tono de voz de 64 estudiantes mientras estos leían de forma neutral un pasaje que incluía una conversación telefónica. Posteriormente, se extrajo la palabra “hola” de las grabaciones y se reprodujo ante 320 estudiantes, con el objetivo de que clasificaran las voces de acuerdo a 10 rasgos de personalidad, incluyendo el nivel de confianza, la dominación, el atractivo y la amabilidad. Sorprendentemente, la mayoría de las voces suscitaban las mismas opiniones en los oyentes. Los hombres que elevaron el tono de voz y las mujeres que lo alternaron fueron percibidos como personas dignas de confianza. Por el contrario, los hombres de tono más bajo fueron clasificados como personas dominantes, como también ocurrió en el caso de las mujeres con un mayor tono promedio. El estudio reveló además que la sensación de confiabilidad emana del tono y la fluidez de la voz, elementos que podemos ajustar, mientras que la sensación de autoridad está vinculada a rasgos morfológicos, como la longitud del tracto vocal.


Según los autores del trabajo, la premura con la que formamos los juicios de valor tiene un sentido evolutivo, ya que decidir en quién confiar y en quién no en cuestión de segundos puede resultar crucial para nuestra supervivencia.

Futuras enfermedades podrán ser detectadas por un test de personalidad.


La medicina preventiva tiene a su disposición una nueva herramienta para evitar los futuros deterioros de nuestra salud: los tests de personalidad. Porque según cómo seas o cómo te tomes la vida, más o menos papeletas tendrás de enfermar según vayas cumpliendo años.  

Así lo indica un estudio realizado con 1.037 individuos de la ciudad neozelandesa de Dunedin por científicos de la Universidad de Duke Estados Unidos. El estudio consistió en hacer un seguimiento de este grupo homogéneo de personas, nacidas entre abril de 1972 y marzo de 1973, a lo largo del tiempo. Cuando cumplieron 26, se les pidió a sus familiares y amigos que definieran su carácter para puntuarlos en los llamados big five o cinco grandes factores de la personalidad: la extraversión, la estabilidad emocional, el carácter agradable, la seriedad o talante concienzudo y la apertura mental. Además, se pidió a desconocidos que también los describieran tras tratar brevemente con ellos: así comprobaron si coincidían estas últimas apreciaciones con los de su círculo íntimo.

Doce años más tarde, cuando los voluntarios cumplieron 38, se les hizo un exhaustivo chequeo médico. La conclusión final fue que uno de los big five ejercía efectivamente una influencia decisiva en su estado de salud: un 45% de quienes tenían la seriedad o talante conciezudo más bajo –o sea, eran menos disciplinados– presentaban varios trastornos o factores de riesgo, como hipertensión, problemas de riñón y colesterol elevado. Los expertos lo achacan a que la gente “seria” hace menos excesos, sigue con más tesón las dietas y tratamientos, practica deporte etcétera.

Otra característica que ayuda a mantenerse sano es la apertura mental, es decir, la tolerancia y la aceptación de nuevas ideas o experiencias. Aquí, la explicación radica en que este rasgo psicológico suele ir asociado a un coeficiente intelectual alto y, por consiguiente, una mayor conciencia sobre la necesidad de cuidarse. “Los datos demuestran que si un médico conoce la personalidad del paciente es posible desarrollar una medicina preventiva más eficaz y personalizada”, concluye Salomon Israel, director de la investigación.